Rajoy dijo que mantendría las actuales prestaciones sociales, en materia de eduación y sanidad, si bien en esas dos materias se ha producido el mayor recorte desde la llegada de la democracia. Y dijo que no subiría el IVA, y Rajoy lo ha ampliado hasta el 21% (¿os acordáis del “no más IVA” de Esperancita?). Afirmó que no tocaría las pensiones, y el Gobierno acelerará el retraso de la edad de jubilación a los 67 años. En cambio sí volvió la deducción a la vivienda como prometió, una medida sin ningún tipo de fundamento, para quitarla medio año después. Por mentir, mintió hasta cuando dijo que no iría a Ucrania en protesta por el caso Timoshenko, pero cuando España se clasificó le faltó el tiempo para viajar (y cargarnos el coste de viaje a todos los españoles, por supuesto).
Estos recortes hoy se imputan a las demandas de la UE. Pero realmente, ¿hacemos estos recortes porque nos obligan o porque queremos hacerlos?
No obstante, el problema más serio está en quién paga el pato. Los funcionarios y unos pocos políticos, eso sí, de los ayuntamientos. Es indudable que durante el ladrillo hubo mucho mangante en los consistorios locales, pero también es indudable que el principal mangante ganó un pastizal por hundir un banco y aquí paz y después gloria. Y los culpables, los políticos nacionales, los que desoyeron los consejos de economistas de aquí y de medio mundo sobre la necesidad de frenar la burbuja, los que tenían los datos de que esto iba a estallar, ¿los han visto pagar?
Esto es una mafia. Pero la deseabilidad de paz social de la que hablaba en anteriores posts tiene un límite: la propia supervivencia. Primero han sido los mineros. Pero la gente está cabreada. Cada vez hay más miseria, más pobreza. Esto es caldo de cultivo para robos, trastornos psicológicos, violencia. Hay que encauzar esto ya.